jueves, 21 de abril de 2016

El viaje más extraordinario: la fosa de las Marianas. Por Antonio Carrillo Tundidor


En estos tiempos de satélites orbitales y Google Earth, sólo podemos aportar certezas sobre la profundidad y volumen del océano, pero no tanto sobre su orografía. En realidad, conocemos mejor el relieve de Marte que los fondos oceánicos. Hemos trazado por sónar un mapa incompleto de la corteza submarina, en parte gracias al esfuerzo realizado durante decenios para poder detectar submarinos enemigos. Pero si queremos completar esta tarea hercúlea serán precisos más de 100 años de trabajo sin descanso. El océano es muy, muy grande; y tridimensional. Recuerdo haber leído la anécdota de dos niños que veían por vez primera el mar:

- ¡Hala... qué grande!

- Sí. Y por debajo hay más.

En efecto, lo fascinante es que debajo hay mucho más. El océano impresiona no sólo por su (enorme) superficie, sino fundamentalmente por su (descomunal) volumen. Por fortuna, disponemos de dos herramientas sin las cuales la narración de este viaje extraordinario sería imposible.

A pesar de lo dicho anteriormente, la primera y fundamental son los avances que hemos realizado los últimos 100 años en el conocimiento de esta vastedad casi inabarcable. Todavía es mucho más lo que desconocemos; pero, al menos, ya somos capaces de percibir el alcance de nuestra ignorancia. Este vértigo de sólo saber que no sabemos es un primer paso ineludible hacia el conocimiento. Por de pronto, hemos aprendido a tenerle respeto al océano, y a vislumbrar las oportunidades que nos ofrece en su biodiversidad y complejidad geológica.

Click en la imagen: música de Ennio Morricone, "Once upon a time in the West"


La otra ayuda con la que contamos es una facultad casi divina que usted y yo poseemos: la imaginación. A partir de este mismo instante, usted ya no está leyendo este texto en un monitor; ahora forma parte de la tripulación del submarino experimental "Argos".
Bienvenido a bordo.

Imagine: se encuentra en la cabina de observación de proa; una esfera transparente fabricada con una resina de policarbonato similar al Lexan, más resistente incluso, que permite 280 grados de visión nítida del océano con la ayuda de potentes deflectores situados bajo el casco. El resto de la nave dispone de un armazón de varias capas de titanio que suman dos metros de grosor. El "Argos" es una maravilla tecnológica que soporta más de 2.000 atmósferas de presión. Llevamos ya dos meses de viaje, y hemos visitado lugares fabulosos. ¿Recuerda? En mitad del Golfo de México, al inicio de la travesía, visitamos un lago submarino; un lugar en el que una masa de agua con una densidad enorme, debido a su alto contenido en sales, adopta la forma de un lago de aguas tranquilas, que se distingue perfectamente del resto; tanto es así que podemos trazar el límite de sus orillas. Debajo de este lago submarino hay una profunda sima que permanece inexplorada. ¿Qué misterios esconde? ¿Qué vida encierra? Tenemos la intención de volver pronto para encontrar respuestas.

Tomamos rumbo norte, siguiendo la corriente ascendente del golfo, una autopista de agua submarina de 100 kilómetros de anchura que conduce agua cálida hacia el Norte de Europa y condiciona el clima de todo un continente. Recuerdo el día en que divisamos en el horizonte las estribaciones de la Dorsal Atlántica, la gran cordillera de 15.000 kilómetros de longitud y 1.500 kilómetros de anchura, con montañas de hasta 3.000 metros, tan altas que en ocasiones asoman por encima del mar y adoptan el nombre de Azores o Islandia. Parte del viaje lo hicimos por el espectacular valle que recorre el centro de esta cordillera, un lugar con laderas y barrancos de tres kilómetros. Navegar por este enorme cañón fue una experiencia casi mágica. Había infinidad de valles, ecosistemas y puntos calientes de actividad volcánica. Sin duda, es otro lugar al que volveremos, aunque si consideramos la Dorsal Atlántica como parte de una cordillera que circunda el planeta, la longitud total de este sistema montañoso es de unos 38.000 kilómetros. Necesitaríamos cientos de años para explorar en profundidad algo tan grande.

La dorsal Atlántica está creando corteza terrestre a razón de 3 centímetros por año. Lógicamente, en algún lugar de la Tierra esta cantidad de corteza tiene que estar destruyéndose. Y precisamente este lugar es nuestro destino.

Más al norte, bajo el Estrecho de Dinamarca, una franja de agua que separa Islandia de la costa oriental de Groenlandia, visitamos la mayor catarata submarina del mundo; una fuerza de la naturaleza que transporta cinco millones de metros cúbicos de agua por segundo en una caída de 3.500 metros hacia el profundo mar de Irminger. Nada hay comparable. La mayor cascada de la superficie, el Salto del Ángel en Venezuela, no llega a los 1.000 metros.

Algo más al norte, la corriente del golfo se canaliza en una autopista de agua inmensa que conduce millones de toneladas de agua cálida. En paralelo, otro enorme río subterráneo transporta una cantidad equivalente de agua fría en sentido contrario. Para que se hagan una idea, estas dos corrientes que confluyen en el norte de Europa transportan más agua que todos los ríos de la Tierra juntos.

¿Por qué es tan importante este hecho? El metano es un gas que juega un papel protagonista en el llamado "efecto invernadero", y la cantidad de gas cristalizado en el fondo del océano es apabullante: 3.000 veces la que hay en la atmósfera. Si la actividad tectónica libera parte de este gas a la atmósfera, estamos irremisiblemente abocados a acabar como nuestro planeta hermano: Venus. Este "hielo inflamable", como también se lo denomina, provoca un fenómeno poco conocido pero fascinante: el hundimiento repentino de buques.

Existe un lugar llamado el Mar de los Sargazos, descubierto por Cristóbal Colón, que se encuentra en el denominado "Triángulo de las Bermudas". Desde muy antiguo este lugar tiene reputación de cementerio de barcos. Es una zona en la que las mareas circulan en el sentido de las agujas del reloj, y se caracteriza por la presencia de auténticos bosques superficiales de algas. Con el tiempo, miles de toneladas de algas se descomponen en el fondo, y la descomposición de grandes cantidades de materia viva provoca sobresaturación de gases hidratados y cristalizados de metano. ¿Qué sucede si una bolsa de gas se libera y asciende hacia la superficie?

Los barcos flotan porque el aire que contienen, de muy baja densidad, contrarresta con una fuerza ascendente el peso de su armazón de acero. Es un equilibrio complejo de sustentación y flotabilidad frente a gravedad. Ahora bien: si un buque tiene la mala fortuna de encontrarse bajo una enorme burbuja de gas que asciende desde el fondo del océano, sufrirá un final espantoso y repentino. El agua mezclada con gas metano tiene una densidad mucho menor, y el buque perdería instantáneamente su flotabilidad. Caería a plomo al fondo del océano sin previo aviso, vertical y repentinamente. Un observador creería haberlo visto desaparecer.

Desde el "Argos" hemos observado con preocupación un aumento de la emisión de gas metano desde el fondo del océano, especialmente el latitudes más altas, en las que resulta más evidente el aumento de temperatura. Esto ratifica estudios publicados en 2010 en la revista "Science", informes que ponen en evidencia una liberación acelerada de metano en el Ártico. Si finalmente estas observaciones se confirman, y resultan también ciertas las noticias procedentes de la estepa siberiana, en el sentido de que la capa de "permafrost" que contiene los ingentes depósitos de gas de Siberia se está derritiendo, entonces dará igual lo que hagamos: el planeta estará irremisiblemente condenado, al menos como hogar del ser humano.

¿Creen que exagero? Hace miles de millones de años Venus se parecía a la Tierra; se parecen en tamaño, se formaron de la misma manera y están a una distancia similar del sol. Sin embargo, en algún momento se produjo un efecto invernadero, quizás provocado por su mayor proximidad a la estrella, y hoy es un lugar infernal. La temperatura en su superficie supera los 400 grados, es mayor que en Mercurio, y la presión atmosférica multiplica por 100 la de la Tierra. Cuando llueve, lo que cae del cielo es ácido sulfúrico.

Venus tuvo océanos en el pasado, y una temperatura superficial similar a la nuestra. Quién sabe si vida. La Tierra puede acabar de la misma manera. ¿Por qué? El metano genera 30 veces más efecto invernadero que el dióxido de carbono. Y por primera vez este año, el 2011, ha asistido al deshielo de parte del Ártico en tal medida que se han abierto dos vías inéditas de navegación atravesando el polo norte. ¿Lo sabían? ¿Saben cuantos millones de toneladas de metano se han liberado?

En fin; volvamos de tanto catastrofismo. Volvamos al "Argos".

¿Recuerda el tiburón gigante que pudimos observar mientras atravesamos las profundidades del ártico? Tuvimos el privilegio de poder estudiar a un tiburón boreal en su hábitat, a 2.500 metros de profundidad. Este animal de 7 metros es capaz de atrapar osos polares o morsas.

El tiburón vive en simbiosis con el copépodo Ommatokoita elongata, un parásito que se alimenta del tejido de su cornea, provocándole una ceguera parcial. A cambio, el brillo del copépodo atraerá a presas como el calamar. Esto explica cómo un animal tan lento como el tiburón boreal o de Groenlandia puede atrapar presas veloces.

Un tiburón que porta un parásito que se alimenta de sus ojos. El océano es, sin duda, sorprendente.

Se siente el nerviosismo a bordo. Nos acercamos a uno de los destinos principales de nuestro viaje: la fosa de las Marianas. La fosa, con forma de media luna, mide 2.500 kilómetros de largo y 70 kilómetros de ancho. Pero lo que la convierte en un fenómeno excepcional es su profundidad: más de 11.000 metros. Abajo, en el llamado abismo Challenger, el lugar más profundo de la tierra, se soportan presiones de 1100 atmósferas, 10 veces más que en Venus.

Es normal que todos estemos inquietos. En la fosa de las Marianas no se pueden cometer errores. Se pagan con la vida.

Es un lugar casi inexplorado, desconocido en su mayor parte. Como anécdota: si un total de 12 personas han caminado sobre la luna, sólo 2 han podido descender al abismo de las Marianas. Y la historia de este descenso, el 23 de enero de 1960, es la historia de un hombre excepcional: Auguste Piccard, el científico que sirvió de inspiración al dibujante Hergé para la creación del (entrañable) personaje Silvestre Tornasol.

El físico suizo Auguste Piccard (1884-1962) fue, junto con su asistente Paul Kipfer, el primero en alcanzar la estratosfera el 27 de mayo de 1931, a una altura de 15.785 metros. Se resguardaron en una cabina hermética para poder soportar tanto el frío como la falta de oxígeno. Este viaje merece un artículo propio: el globo despegó de Augsburgo, Alemania, antes de lo previsto y sin previo aviso, mientras sus tripulantes hacían los últimos chequeos; y una vez en las alturas tuvieron fugas que los dejaron sin aire ni agua. A la vuelta, la cápsula no amerizó en el cálido Adriático, como estaba previsto, sino en el glaciar tirolés Gurgler Ferner, a casi 2.00 metros de altitud, en Austria. Tuvieron que pasar la noche allí hasta que los rescataron. En este vínculo puede disfrutar de un vídeo de la época:



Más tarde, el inquieto Piccard centró su atención a las profundidades marinas, y proyectó varios batiscafos, que culminarían con la invención del "Trieste", la nave que en 1960 condujo a su hijo Jacques y al marine y explorador Don Walsh a alcanzar la sima más profunda de la Tierra, a más de 11.000 metros de profundidad. Ellos fueron los dos únicos humanos en descender al abismo, aprisionados en una esfera del tamaño de una nevera. Por cierto, a mitad de trayecto se agrietó el cristal exterior de la escotilla. A pesar de todo, continuaron el descenso. Se jugaron la vida. Y desafortunadamente, al tocar fondo, la nube de cieno que levantaron les impidió toda visión del exterior. Pero antes pudieron observar a un ser vivo: un vertebrado. Un pez similar al rape.

El siguiente descenso se produjo en 1995, con la participación del robot japonés Kaiko, un pequeño sumergible que realizó más de 250 exploraciones a lo largo de su fructífera vida, descensos que permitieron descubrir 180 nuevas bacterias y 350 especies. El Kaiko, que tanto ha ayudado en el conocimiento del océano, desapareció en medio de un tifón, al romperse el cable que lo unía a su barco nodriza.

El siguiente en descender fue el submarino no tripulado Nereo, que nos facilitó las primera imagen del fondo. Esto es todo lo que tenemos del abismo Challenger. Compárenlo con las miles de imágenes que tenemos de Marte.

Nos acercamos al abismo. Navegamos a 4.500 metros de profundidad, en la denominada zona abisal. Nos rodean seres extraños; algunos monstruos de pesadilla, como los peces demonio, también llamados dragones negros. Estos seres tan extraños, del género Idiacanthus, tienen una longitud máxima de 53 cm.

También encontramos la Víbora de Mar, un pez de la familia Stomiidae, con luces en el cuerpo, en la zona del vientre y en las aletas de la cola. Este feroz habitante de las profundidades puede cazar presas más grandes que el mismo gracias a la extraordinaria movilidad de su terrible mandíbula.

Por cierto, no es extraño que emigre a la superficie y acabe arrojado a las playas de la Península Ibérica, una zona en la que abunda. Su picadura produce un dolor enorme que puede durar dos días, y son frecuentes las infecciones que derivan en necrosis o gangrena, lo cual acaba requiriendo la amputación del miembro. Todos los años se producen picaduras de víboras de mar en España.

Pero atención: recibimos un sonido. Un animal enorme, de 22 metros, nada lentamente a 1.500 metros de profundidad. El chasquido que emite es el sonido más fuerte que emite animal alguno; puede oírse a 10 kilómetros de distancia, y su intensidad es tal que aturde a sus presas. Esta formidable máquina asesina puede descender a tales profundidades gracias a su tórax flexible, que permite una enorme compresión pulmonar debido a la presión. Durante la hora que puede mantenerse bajo el agua el cachalote disminuye su metabolismo a niveles increíbles: su corazón late una sola vez por minuto, y la sangre abandona los capilares de la piel y otras zonas no fundamentales para regar órganos esenciales como el cerebro (el más grande que hay existido jamás).

Pero el sonido se desvanece. Tras una cordillera acaba de aparecer una sima, una fosa gigantesca. Hemos llegado a la fosa de las Marianas.

Hace 50 millones de años la placa del Pacífico buceó bajo la placa Mariana hacia el oeste, destruyendo litosfera (superficie terrestre). Estamos en el lugar donde se destruye la corteza de se creaba en el Atlántico. El plano de subducción o plano de Benioff, que puede superar los 500 kilómetros, alcanza una inclinación de 45º. Toda esta fuerza originó la mayor fosa del planeta, y una intensa actividad volcánica. La fosa forma parte del "Cinturón de fuego del Pacífico", la zona con mayor actividad sísmica del planeta. En la fosa, el rozamiento continuo que produce el hundimiento de la placa del Pacífico provoca terremotos intermedios y profundos, y la fusión de materiales provoca un ascenso de estos en forma de magma, originando volcanes. Es preciso ser precavidos.

Iniciamos el descenso. Nos adentramos así en la zona hadal (nombre que procede de "hades"), un lugar del océano desconocido para el hombre. En general, los datos abruman: se piensa que en los océanos viven 1 millón de especies, pero sólo hemos catalogado 230.000 organismos marinos, según el Censo de Vida Marina. Por tanto, nos movemos entre presunciones y, en cualquier momento, salta la sorpresa. Un viaje como el nuestro permite catalogar miles de formas de vida desconocidas hasta el momento, familias enteras de organismos nuevos.

El descenso por la fosa es impresionante. La estructura reforzada de nuestro navío nos permite acercarnos a la ladera este; 36.000 kilómetros cuadrados de paredes oscuras con cuevas, salientes, volcanes, laderas... la fosa es inmensa, y, lo más importante de todo, está aislada. En efecto: descendemos a tales profundidades que las corrientes de organismos del océano no pueden penetran en el fondo. Además, no hay un único ecosistema. La intensa actividad geológica en forma de respiraderos hidrotermales y volcanes implica que, en apenas unos pocos metros, haya enormes diferencias en la química y temperatura del entorno. Y esto supone diversidad biológica.

En la fosa de las Marianas, una ingente cantidad de ecosistemas acogen una biodiversidad que lleva aislada del resto del planeta unos 50 millones de años, como sucede en las Galápagos. La vida se adaptó lentamente a los cambios de temperatura, presión o química. En esto pensamos mientras descendemos. Nos detenemos un instante frente a una enorme gruta, una caverna tan grande que los deflectores del "Argos" ni siquiera permiten adivinar su profundidad. Hay pequeños volcanes de lodo en la fosa, volcanes que no eructan fuego, sino serpentina, una piedra frágil proveniente del manto terrestre. Hay una química única, calor y un espacio indeterminado. Si pudiéramos entrar, ¿qué nos encontraríamos? ¿Acaso la cueva se ensancha y acoge a un ecosistema formado por miles de criaturas de fantasía? ¿Qué misterios, qué maravillas se ocultan a nuestros ojos a lo largo de estas paredes inmensas?

¿Y por qué es tan importante? Pongamos algunos ejemplos: el gusano negro de tubo, que no tiene sistema digestivo, se alimenta gracias a una enzima que disuelve el hidrógeno sulfúrico que surge de chimeneas termales a 400 grados. Esta enzima podría resultar útil para purificar aguas contaminadas. El robot Kaiko descubrió en 1995, en esta misma fosa, una bacteria, la Moritella yayanosii, que contiene proteínas como la DHA y la EPA. Hasta entonces, estas proteínas se extraían sólo de aceite de pescado, y su importancia es enorme: se intenta desarrollar a partir de ellas potentes medicamentos contra la hipertensión y el cáncer, así como un agente purificador de la sangre. También tenemos el ejemplo de la bacteria Shewanella violácea, de un brillante color púrpura. Se está investigando su aplicación como cosmético, en tratamientos de blanqueamiento de la piel y como semiconductor en su forma de estructura cristalina.

La diversidad genética en la fosa es inimaginable; es un tesoro del que no podemos prescindir. Los medicamentos, las terapias genéticas que puedan salvar millones de vidas pueden tener su hogar en este inhóspito paraje.

Continuamos el descenso. A 7.000 metros de profundidad se especulaba con un fenómeno curioso, el de las megaplumas hidrotermales; la temperatura del agua debía ascender levemente. Según una teoría popularizada por escritores como Steve Alten, las chimeneas hidrotermales del fondo expelen un agua negra y ardiente, rica en azufre y metano, que al ascender hasta un nivel de flotabilidad neutra crearían una barrera térmica que separaría el fondo más cálido de la fosa del resto de la zona hadal, en la que el agua apenas alcanza los 2 grados de temperatura. Sin embargo, constatamos que la realidad es menos espectacular: las plumas termales se disuelven y desaparecen, al volverse la pluma menos densa que el agua que atraviesa; y, en todo caso, el aumento de temperatura es de apenas un cuarto de grado.

Tocamos fondo, y hay un silencio reverente en la nave. Vislumbramos múltiples criaturas conocidas como extremófilos: seres capaces de vivir en entornos sin luz, con una presión 1.000 veces mayor de la que encontramos en la superficie, con temperaturas que oscilan de los 2 a los 400 grados, y sin apenas gas de oxígeno disuelto en el agua (la vida no rompe la ligazón química de hidrógeno y oxígeno que forma el elemento "agua"; respira gracias a la presencia de oxígeno gaseoso disuelto en los océanos. Cuanto más se desciende, menos cantidad de oxígeno hay).

Los protagonistas de este ecosistema son los gusanos de tubo gigantes, enormes criaturas blancas y rojas que alcanzan los 2,5 metros y se agrupan en enormes colonias de decenas de miles. También hay camarones de agua profunda, pulpos, cangrejos, pepinos de mar, almejas... casi todos seres albinos y ciegos; todos agrupados alrededor de chimeneas o fumarolas hidrotermales de hasta 60 metros de altura, la altura de un edificio de 20 pisos.

Es sorprendente la cantidad de carbono que encontramos en el fondo. Las fosas son sumideros de este elemento, y por tanto juegan un papel importante en la regulación del clima oceánico. En las fosas se conserva parte del carbono que la atmósfera primigenia perdió hace cientos de millones de años.

El entorno es tranquilo. No hay demasiada actividad telúrica. Esto se debe a que hay una franja de roca suave que permite que el roce de ambas placas sea fluido. ¿Recuerdan los volcanes de lodo y la serpentina? La cantidad de corteza que se destruye es, aproximadamente, de 3 centímetros por año. La misma cantidad que se creaba en las dorsales del Atlántico. Es el lugar donde se destruye más placa.

La litosfera se desplaza, y con ella los continentes. Llegará un momento en el que desaparecerá el Océano Pacífico, y Australia chocará contra la Costa Oeste de los Estados Unidos, creando una cordillera similar al Himalaya.

Pero para esto falta mucho. Ni usted ni yo lo veremos.

Adenda: Richard Branson, el multimillonario propietario de Virgin Oceanic, anunció que a finales de 1011 enviaría un submarino tripulado por él mismo al abismo Challenger. Estaría equipado con cámaras de alta resolución.

Sin embargo, ha sido el cineasta y explorador oceánico James Cameron quien, a bordo de la nave "Deepsea Challenger" tardó 2 horas y 36 minutos en alcanzar el fondo, a casi 11.000 metros, la noche del domingo 25 de marzo de 2012.

Antonio Carrillo Tundidor © 22 de septiembre, 2012

Gerente de Tradux S.L.; tiene estudios de Derecho, Relaciones Internacionales, Música y Filosofía. Ha trabajado de psicólogo industrial.







miércoles, 20 de abril de 2016

Curiosidades del lenguaje: falsos equívocos y etimología popular. Por Antonio Carrillo Tundidor.



Son muchos los que creen que la palabra "Yucatán" significa "no te entiendo", y que su uso se debió a un divertido equívoco entre los españoles y los pobladores indígenas. Pero, por desgracia, la realidad es más prosaica; según algunos autores la palabra procede del maya "Yokot´an", que significa "gente que habla yoko". Otros lingüistas mayas afirman que la palabra realmente significa "El que quiere hablar". No es un caso único, también circulan leyendas urbanas sobre palabras como "Canguro".

Sin embargo, podemos presentar ejemplos ciertos de palabras cuyo uso proviene de una mala interpretación o simplemente tienen un origen peculiar. Algunas están aceptadas por la RAE; otras no. Se denomina "etimología popular" o "paretología" a la "Interpretación espontánea que se da vulgarmente a una palabra relacionándola con otra de distinto origen" (RAE). Los ejemplos son casi inagotables:

TORPE - Si le denominan “torpe” le están echando en cara su lentitud, su poca gracia. Sin embargo, en realidad, si somos justos con su etimología, lo que en realidad le están llamando es feo, o incluso inmoral, puesto que la palabra “torpe” procede del latín “turpis”, que significa feo o deshonroso. ¿Cómo llegó a significar lento? Seguramente la clave esté en el verbo “torpeo”, que significaba “estar inmóvil”, y al que se parece bastante. El “pez torpedo” debe su nombre no a su velocidad, sino a que es capaz de paralizar a sus víctimas con una descarga eléctrica; (los romanos, conocedores de sus cualidades, los utilizaban para la cura del reuma). 

EXPLOTAR - El verbo “explotar” suena parecido a explosión, y por ello se utilizó para definir la acción de hacer explosión. Sin embargo, hasta fechas recientes la RAE indicaba que su uso representaba un barbarismo, pues el significado original y primero de “explotar” es sacar provecho de alguien o extraer de una fuente sus recursos, lo cual nada tiene que ver con un estallido. Posteriormente se ha propuesto el uso alternativo del verbo “explosionar”, sobre todo en conjunciones transitivas con el significado de hacer que algo estalle, como sería el caso de las explosiones controladas. En todo caso, el tema resulta controvertido.

CANAPÉ - La etimología en ocasiones nos adentra en viajes largos como en este caso, pues la palabra “canapé” proviene de “mosquito”. “Mosquito” en griego se decía “kónops”, de donde se deriva “Konopéion”: pabellón de cama o “mosquitera”. La palabra llegó al latín como “conope(um)”, de donde procede el “canapé” o sofá francés. ¿Qué relación guarda todo esto con el pequeño aperitivo a que estamos acostumbrados? Simplemente, es una comparación entre el sofá, que soporta el cuerpo, y el pan, que soporta una porción de comida. Si busca canapé en el diccionario, incluirá la acepción de sofá. 

INHUMAR - "Inhumar" un cadáver puede llamar a confusión, puesto que se puede creer que procede de la palabra “humo”, y, por tanto, que su significado sea la quema de un cuerpo; pero esta palabra no procede de "humo", sino de "humus", tierra en latín. Además, puede provocar equívoco el que, en efecto, se proceda a inhumar las cenizas, práctica bastante habitual. En todo caso, el acto de quemar un cadáver se denomina “cremación”, aunque preferimos el término “incineración”, al que remite la RAE.

CLÍNICA - Si acudo a una clínica lo más probable es que vaya a someterme a una asistencia ambulatoria, que no precisará de un internamiento. Así sucede con las clínicas dentales o las clínicas oftalmológicas. En general, parece que las clínicas tienen menos entidad que los centros hospitalarios. Y, sin embargo, resulta curioso profundizar en su etimología. La palabra“clínica” procede del griego “kliné”, que significa “cama”. La característica de una clínica, según su etimología, es la presencia de camas, y por tanto la posibilidad de estar internado bajo vigilancia médica. 

VAGABUNDO - Podría parecer que su etimología es clara: los que vagan por el mundo. De hecho, no es raro escuchar la palabra "vagamundo", inexistente. En realidad, el sufijo bunduslatino se utilizaba para dar mayor énfasis a la palabra (como en meditabundo, por ejemplo)

MOCHILA - La palabra procede del vasco “motxil”: recadero. Hasta aquí, podría ser razonable. Pero es que “motxil” deriva a su vez de “motz”, que significa “rapado. Y es que a los jóvenes, por aquello de los piojos, se acostumbraba a raparles el pelo. Este ejemplo, y otros muchos, se encuentran en el Diccionario de Origen de las palabras de Espasa

CERROJO - Antiguamente, las puertas se cerraban con "verrojo" (de "veru": cierre). Pero con el tiempo, ya que su función era cerrar, "verrojo" pasó a ser "cerrojo".

AZAFATA - Procede de “azafate” (bandeja) que a su vez procede de “sáfat”, palabra árabe que significaba “cestillo en el que las doncellas depositan los perfumes” y demás objetos que las señoras necesitan tener a mano tanto al amanecer como al anochecer. Hoy en día las azafatas (o azafatos) prefieren la denominación “Tripulantes de Cabina de Pasajeros” o T.C.P.; y su función y responsabilidad sobrepasa, con mucho, la de atender las necesidades del pasaje.

SINCERO - como sucede a menudo, hay varias versiones sobre el origen de la palabra. Algunos autores defiende que procede de sin + número cero o vacío; otros defienden que procede de sin + cera, y lo explican por las artimañas que los escultores renacentistas utilizaban para disimular con cera los desperfectos en sus obras de mármol. Otros autores defienden la teoría de la cera, pero en relación con la miel adulterada que se vendía en Roma. Esta última explicación parece la más probable. 

MOROSO - la palabra procede del latín “morosus”, que significa malhumorado. El problema es que se parece a mora (retraso). Este y otros ejemplos de etimología popular los pueden encontrar en la página dechile.net


LATENTE - (del latín "latens") a menudo se utiliza esta palabra como sinónimo de "palpitante"; y de hecho se parece a "latido"; sin embargo, realmente significa ‘oculto, escondido o aparentemente inactivo’. La palabra correcta es "latiente".

PECUNIO - si busca esta palabra en el diccionario de la RAE, no espere encontrarla. Y el caso es que se utiliza, y mucho, en relación con el dinero. Procede de “pecus”, palabra latina que significa ganado (el ganado era expresión de riqueza y moneda de intercambio en la antigua Roma). Le propongo que busque “peculio”, una palabra mucho menos conocida, del latín “peculio”, y que sí significa dinero. ¿Por qué el error? Por la palabra “pecunia” (igual nombre en latín), que define el diccionario de la RAE como forma coloquial de decir dinero.

MINIATURA - "Miniatura" no procede de "mínimo" o "menor", sino de "minio", el oxido de plomo que se empleaba como pintura. Por lo tanto, las miniaturas no tenían por qué ser de pequeño tamaño. Hoy en día la RAE lo admite como sinónimo de tamaño pequeño.

EN PELOTAS - Si uno se queda "en pelotas" no significa que muestre necesariamente sus gónadas masculinas (llamadas vulgarmente pelotas), sino que se queda a pelo descubierto (pelo + el sufijo aumentativo otas).

TESTÍCULOS - Ya puestos a hablar de genitales, la palabra “testículos” tiene una etimología bastante curiosa. Procede del latín “testis”, que significa “testigo”. Junto con el sufijo diminutivo “iculu” (pequeño) vienen a significar “pequeños testigos” de la virilidad masculina. No haremos más comentarios.

ALTOZANO - Si nos situamos en un "altozano" queremos decir que estamos en un lugar elevado. Pero su etimología resulta de lo más sorprendente. Procede de la palabra "antuzano", que proviene de ante (delante) ostium (puerta); es decir, delante de la puerta. Los "antuzanos" son espacios abiertos frente a un edificio, generalmente delante de las puertas de las iglesias, donde se reunía la población tras asistir a misa, y que solían estar situadas en la parte alta de las poblaciones.

ÁLGIDO - Decimos que se alcanza el punto álgido en el sentido de más alto. Pero “algidus” en latín significa tener frío. La explicación de por qué ha llegado a significar lo contrario es apasionante: en el siglo XIX Europa sufrió una terrible epidemia de cólera. Los médicos describieron las fases de la enfermedad, haciendo hincapié en que el momento más importante se alcanzaba cuando el enfermo tenía una mayor frialdad en la piel.


Antonio Carrillo Tundidor © 

Gerente de Tradux S.L.; tiene estudios de Derecho, Relaciones Internacionales, Música y Filosofía. Ha trabajado de psicólogo industrial.

martes, 19 de abril de 2016

Curiosidades del lenguaje. Preguntas sin respuesta: El huevo o la gallina. Por Antonio Carrillo Tundidor

Si conoce usted a un físico, pregúntele qué es la gravedad. No cómo funciona, ni si sabemos formular su fuerza de atracción. Simplemente, pregúntele qué es. ¿Existen los gravitones?

Si conoce a un economista, pídale que haga una predicción macroeconómica para los próximos años, o pídale propuestas fiables que nos permitan salir de la crisis.

Si conoce a un psiquiatra, pregúntele lo que realmente sabe sobre la esquizofrenia. Cómo se origina, su componente genético, qué zonas del cerebro se ven afectadas, si hay una única forma de esquizofrenia, si disponemos de tratamientos eficaces y si éstos tienen los mismos efectos para todos los enfermos. Si puede predecir la deriva que tome la enfermedad…

Si conoce a un astrónomo, pregúntele por la energía oscura. Al fin y al cabo, le está preguntando por lo que forma el 80% del universo, su campo de estudio.

Si conoce a un juez, pregúntele por la justicia.

Si conoce a un titulado en empresariales, pídale consejo sobre cómo montar un negocio infalible, que seguro va a seguir abierto, dando beneficios, los próximos 10 años.

Si conoce a un agente de bolsa, pregúntele por unas inversiones seguras, con las que no pierda dinero.

Si conoce a un biólogo, pregúntele por lo que sabe de la fotosíntesis como fenómeno cuántico.

Si conoce a un director de cine, pregúntele cómo se hace una obra maestra.

Si conoce a un meteorólogo, pregúntele. Simplemente.

Si conoce a un padre, pídale el secreto para educar bien a un hijo. (Y compártalo de inmediato)

Si conoce a un entrenador de fútbol, pídale que explique la táctica ideal, y cómo acertar con un fichaje.

Si conoce a una mujer, pregúntele lo que sabe del hombre.

Si conoce a un hombre, pregúntele si sabe algo de la mujer.

Si conoce a un maestro, pregúntele cómo convertir un cenutrio en estudiante. 

Si conoce a un sacerdote, imán o rabino, pídale una prueba de que su Dios es el verdadero.

Si conoce a un enamorado, pregúntele el porqué.

Si conoce a un futurólogo, pregúntele cualquier cosa inesperada que vaya a suceder mañana.

Si conoce a un jugador de ajedrez, pídale un movimiento infalible.

Si conoce a un neurólogo, pregúntele cuánto sabe realmente del funcionamiento del cerebro.

Si conoce a un antropólogo, pregúntele por la mejor de las culturas.

Si conoce a un oceanógrafo, pregúntele por lo que hay en lo más profundo de nuestro planeta, a 11 kilómetros de profundidad.

Si conoce a un sociólogo, pregúntele hacia dónde vamos.

Si conoce a un político, es afortunado: tendrá siempre una respuesta.

Si conoce a un poeta, pregúntele (de mi parte) de dónde le viene la poesía.

Si conoce a un soldado, pregúntele si se puede ganar una guerra.



Y a mí, pregúnteme algo sencillo: qué fue antes, el huevo o la gallina.

La gallina (gallus gallus) es el ave más numerosa del planeta. Podemos fechar la aparición de las primeras aves hace 150 millones de años aproximadamente (en el Jurásico superior), con la aparición del “arqueópterix”, una curiosa mezcla de dinosaurio y ave. Las gallinas, aves domésticas, son muy posteriores.



El huevo es un cuerpo redondeado con el que las hembras de algunos vertebrados protegen a sus embriones. Los primeros vertebrados fueron los “agnatos”, peces sin mandíbula que surgieron en el silúrico hace 438 millones de años.

Por consiguiente, el “huevo” es muchos millones de años anterior a la “gallina”.

De todo lo demás, lamento no tener respuesta.






Gerente de Tradux S.L.; tiene estudios de Derecho, Relaciones Internacionales, Música y Filosofía. Ha trabajado de psicólogo industrial.

lunes, 18 de abril de 2016

Las curiosidades del lenguaje: el lenguaje primordial. Por Antonio Carrillo Tundidor.

Los seres humanos estamos hechos de palabras, y nos alimentamos del contacto con nuestros semejantes. Ningún otro animal nace tan indefenso, tan insatisfecho (del latín "in satis factum": no suficientemente hecho)

Venimos a la vida arropados por un entorno cultural que nos conforma y conforta, nos ofrece respuestas, seguridades y certidumbres. Nuestro devenir está repleto de preguntas, de inquietudes y curiosidades. La búsqueda deviene en vida, en transcurso, siempre acompañados, nunca solos.

Aprendemos el habla escuchando los ecos de nuestro entorno, incluso desde el seno materno. El término "sordomudo" es incorrecto; los sordos no son realmente mudos, pero sin la escucha no han podido aprehender el habla. El historiador griego Herodoto pensaba que nacemos con un idioma. No es cierto. Lo demuestran los estudios realizados sobre los llamados "niños salvajes", niños criados por animales y sin contacto con otros seres humanos. Son individuos que imitan el gruñido de los animales, sin un habla gramaticalmente estructurada. Prefieren la compañía de otros animales, y suelen morir jóvenes. Esto prueba la necesidad el auxilio de los demás para llegar a ser lo que la naturaleza nos depara: individuos.

El infierno no son los otros, es la falta de los demás. Cuando nace su hijo, el padre musulmán lo acurruca en los brazos y le susurra al oído versos del Corán. Cuando fallezca, alguien le susurrará, durante su último aliento, versos sagrados en el mismo idioma.

En efecto, no nacemos con la facultad del habla, pero es tanta su importancia que podemos morir si se nos escatima. Como nos recuerda Umberto Eco, el rey Federico II de Sicilia experimentó con dos bebés, a los que ordenó que no se les hablara desde su nacimiento. El experimento tenía como finalidad averiguar qué idioma adquirirían los niños. Los dos sufrieron una muerte repentina e inexplicable. Seguramente, las nodrizas les racanearon no sólo el habla, sino también las caricias. Las pobres mujeres no querrían establecer un vínculo afectivo con criaturas a las que no se les permitía consolar con palabras o arrullos. Para ellas tuvo que ser una tortura. Su tragedia particular, como tantas otras, forma parte de la vergüenza humana.

Durante el siglo XX, en orfanatos de la antigua Unión Soviética, se disparó el índice de muertes durante los primeros meses de la infancia, sin que hubiera una razón aparente. Un estudio posterior demostró que el hacinamiento y las pésimas condiciones en las que se criaba a los niños no permitían que disfrutaran del contacto físico ni verbal necesario. Sin caricias, la vida parecía carecer de sentido, y muchos se dejaban morir en el vacío. Incluso hoy en día no es excepcional conocer por boca de psiquiatras infantiles de casos en los que niños adoptados en instituciones públicas de la antigua Europa del Este manifiestan importantes trastornos mentales, como el “Trastorno Generalizado del Desarrollo”. La causa parece ser siempre la misma: la falta de muestras de afecto en los primeros meses de vida y el poco contacto verbal con los bebés. Si no se les habla y acaricia, los bebés humanos desarrollan una sinapsis deficiente, muy especialmente en el vínculo que establece el "sistema límbico" (las emociones) con los lóbulos prefrontales. Negar a un niño el afecto es acto de crueldad inaceptable. Es un crimen contra la (su) humanidad.

El habla, en definitiva, se adquiere, y es sumamente importante. De hecho, estudios recientes parecen confirmar que la disposición neuronal hacia la facultad del habla comienza a desarrollarse ya en el seno materno. Durante muchas semanas la escucha se convierte en un sentido fundamental en la penumbra del seno materno. Por increíble que parezca, los niños lloran tanto dentro de la madre como una vez nacidos en su propio idioma. Según un famoso estudio de la Universidad de Würzburg, realizado en 2009, los bebés lloran reproduciendo las tonalidades propias del idioma materno. Una de las investigadoras, Kathleen Wermke, comenta que “El hallazgo más espectacular de este estudio es que los neonatos humanos no sólo son capaces de reproducir distintos tonos cuando lloran, sino que prefieren las pautas sonoras típicas del idioma que han oído durante su vida fetal, en el último trimestre de gestación”. Más adelante volveremos sobre la cuestión del tono, de la música, fundamental para este artículo.

¿Cómo se originó el lenguaje? Rousseau, el primer antropólogo para Levi-Strauss, cree que la facultad del habla es una manifestación tanto del contexto social como del entorno físico o del clima en que se vive. Es una característica evolutiva, que nace tanto de la necesidad de cortejar a una pareja (con música, adornos y danza) como, en estadios evolutivos más avanzados, de transmitir conocimientos. El propio Darwin estudió el lenguaje en aves o mamíferos, y la correlación que se daba entre lenguaje, tonalidad y danza.

De hecho, en ocasiones las facultades sonoras de algunos animales resultan sorprendentes. En youtube circula un video grabado por el naturalista británico Richard Attemborough, en el que se muestra las facultades del ave Lira, capaz de imitar incluso el sonido de una máquina fotográfica.

También en los humanos la música, junto con la danza, llama a los lugares mas profundos del cerebro. Parecería la lengua de la Naturaleza. ¿En qué lengua hablaba nuestro cerebro en sus orígenes? El prestigioso neurólogo Oliver Sacks nos ofrece una pista increíble en su ensayo "musicofilia": todos los bebés humanos nacen con una facultad única. Nacemos con un oído tonal perfecto. Y esto es, créanme, asombroso.

Imagine que se encuentra dando la espalda a un piano, y alguien toca una tecla. Sólo 1 de cada 45.000 humanos adultos tienen la capacidad de afirmar, sin género de dudas, qué nota se ha pulsado. A esto lo llamamos oído absoluto u oído tonal perfecto. Una persona que goce de este don puede decir en qué tonalidad susurra el viento entre las ramas de un sauce, o si están afinados los instrumentos de una orquesta. Lo que para nosotros es una realidad de sonidos grises, para ellos la vida ofrece una gama inacabable de matices musicales y sonoros. Mozart lloraba en la cuna cuando oía un violín desafinado. Y en una maternidad los niños recién nacidos se muestran inquietos si la música a la que están acostumbrados suena en una tonalidad distinta, o con disonancias.

La música ha sido nuestra compañera desde hace millones de años, sobre todo si se acompaña del movimiento acompasado del cuerpo. La única posibilidad de estimular los cerebros aquejados de demencia severa procede de la música; fundamentalmente si se acompaña de una danza. Lo llevamos en lo más primitivo de nuestros genes; estamos filogenéticamente diseñados para danzar alrededor del fuego al ritmo de unos instrumentos de percusión. Resulta curioso: la música activa muchas zonas de la corteza cerebral, alterando su fisonomía al punto que un médico forense sólo puede adivinar la profesión de un fallecido si éste ha sido músico. La estructura de su cerebro es única.

Por desgracia, este oído tonal perfecto muere pronto. La coclea, posiblemente una de las zonas más fascinantes de la fisonomía humana, permite que las miles de sutiles ramificaciones que parten hacia el cerebro, cada una afecta a una frecuencia diferente, pierdan exactitud, o incluso deshace el vinculo sináptico. Nuestro oído musical pierde entonces afinación, y deja "espacio" para que se desarrolle el lenguaje.

Según Sir Roger Penrose, eminente físico británico, no basta la simple lógica de enunciados basada en razonamientos binarios (verdad o mentira, 0 y 1) para entender el funcionamiento de nuestro cerebro. En definitiva, la lógica de los lenguajes informáticos no alcanza en absoluto el grado de sutileza que denota el pensamiento humano, en el que confluyen una lógica común con otra que, en palabras de María Zambrano, deviene en lenguajes (y lógicas) poéticas. Y, además, contamos con los sentimientos, el inconsciente o la intuición. El lenguaje primordial humano, si acordamos que no puede ser la música, que decae en la niñez, debe superar la lógica binaria, y debe mostrar tal flexibilidad que le permita nombrar todas las cosas; sus combinaciones no deben tener fin, porque siempre la intuición, la imaginación o la inventiva nos exigirá una denominación nueva en un universo simbólico o tecnológico renovado. Nos adentramos entonces en la búsqueda de lo que Umberto Eco denomina "la lengua perfecta".

No faltan voluntarios para este "el dorado" lingüístico. La lengua Aymara, por ejemplo, es un lenguaje de la Andes que se localiza en poblaciones cercanas al lago Titicaca, con alrededor de un millón y medio de hablantes. No es muy sabido, pero gracias al pueblo Aymara los humanos cultivamos la patata. Su lengua no se basa en una lógica binaria, sino en una estructura trivalente (lógica de tres valores) y una riqueza lexical y combinatoria tal que se calcula puede alcanzar más de 300.000 formas verbales. En consecuencia, es muy flexible, apta para expresar conceptos abstractos o arquetípicos, y ofrece una manera peculiar de estructurar el tiempo, al parecer única. La música y la danza ocupa un lugar preeminente en la cultura Aymara. En definitiva, se postula como una buena candidata a la lengua perfecta.

Pero, ¿y si nos arriesgamos a dar un paso más y proponemos la lengua de los daimonides, de la magia y las hadas, la lengua que alimenta "el fuego secreto de los filósofos", según el celebérrimo ensayo de Patrick Harpur?. Alguien tan ortodoxo como Manuel García Teijeiro, catedrático de Filología Clásica de la Universidad de Valladolid, habla de la lengua de los dioses y de los fantasmas, "una lengua que es absolutamente perfecta, donde la relación entre el nombre y la cosa no es caprichosa, sino que esta basada justamente en la esencia misma del ser". Se trata entonces de unir el signo a la realidad, de manera que cambiando los signos (las palabras) se podría también cambiar la propia realidad. Resulta entonces imperativo ocultar el verdadero nombre hebreo de Dios, o se desconoce el nombre del chamán, para evitar que puedan apropiarse de su esencia y su poder. En esta realidad alternativa, hay una palabra para cada cosa, y la lengua alcanza alturas ontológicas.

En definitiva, se puede divagar lo que se quiera; la lista de lenguas candidatas a la lengua perfecta sería enorme. Las culturas ágrafas parten con ventaja: atesoran una gran variedad de nombres de especies que deben memorizar; les va la vida en ello. También deben recordar sus mitos, una visión única de la realidad que explica los fenómenos celestes y le da sentido a la vida. Los Yaganes, por ejemplo, poseen un vocabulario que supera las 40.000 palabras, y los esquimales utilizan 63 formas para el presente y 252 disidencias; y disponen de decenas de palabras para definir los distintos matices del color blanco. El antropólogo Marvin Harris nos muestra en su ensayo "Nuestra especie" otros ejemplos; como el kwakiutl, una lengua de los indios norteamericanos que sería la pesadilla de cualquier estudiante de bachillerato: tiene el doble de casos que el latín.

Pero, finalmente, la búsqueda resulta infructuosa: no existe un lenguaje perfecto. No lo es la música, ni la lengua de las hadas, ni una lengua indígena por muy compleja que sea. Como opinaba Rousseau, cada cultura ha ido adaptando su lengua a sus necesidades y acondicionamientos geográficos o climáticos. Hablar de la lengua perfecta implica reconocer la existencia de una cultura perfecta, lo que constituye un error imperdonable. ¿Acaso hay una cultura superior a otra? ¿Hay civilizaciones, razas o creencias intrínsecamente preponderantes? ¿Quién puede arrogarse la facultad de decidir qué culturas son superiores? ¿Qué criterio utilizaría?

A principios del siglo XX, durante la Primera Guerra Mundial, en Vineland, un pequeño pueblo del estado de New Yersey, se aprovechó el reclutamiento de tropas con destino al frente europeo para realizar una serie de test de inteligencia a más de un millón de norteamericanos. El resultado final sorprendió a los investigadores: la inteligencia promedio del varón norteamericano adulto se correspondía a la de un adolescente de 14 años. Como había que dar una explicación a unos resultados tan bajos, se optó por lo más obvio: la pureza de raza de los colonos blancos originarios de Inglaterra u Holanda se había contaminado con la presencia de afroamericanos y la afluencia masiva de inmigrantes procedentes del Mediterráneo, de países de este de Europa o de asiáticos. El resultado de los test aconsejaba un segregacionismo que preservara la pureza y superioridad blanca frente al salvajismo o primitivismo innato de los negros. Las consecuencias de esta política se hicieron sentir hasta la década de los 70.

Incluso en los años 80 se publicaron libros en los que se demostraba que los afroamericanos conseguían en los test de inteligencia valores sensiblemente por debajo de los blancos. Ello provocó una encendida polémica, en la que algunos pensadores bienintencionados atribuían los bajos niveles de los afroamericanos a las condiciones educativas y sociales que soportaban los niños en los suburbios de las ciudades. No es que nacieran menos inteligentes, sino que la falta de estímulo educativo y la convivencia en unos entornos familiares desestructurados hacían imposible que sus cocientes fueran similares al de los blancos. Y en esta explicación, precisamente, radica el error.

¿Qué mide un test de inteligencia? En principio debería medir las capacidades y herramientas cognitivas y emocionales que atesora un individuo con el fin de acomodarse con éxito en un entorno determinado. ¿Cómo puede medir un test las habilidades sociales que desarrolla un joven afroamericano para integrarse en un grupo o clan? ¿Cómo puede medir un test el bagaje cultural propio y definitorio del rap, o de cualesquiera otras manifestaciones artísticas provenientes de la comunidad afroamericana? En definitiva: ¿se espera que un afroamericano de buenos resultados en un test de inteligencia diseñado por blancos para blancos? Afirmo que sería necesario hacer test individualizados, al punto de que cada individuo pudiera manifestar sus habilidades en campos tan difícilmente medibles como la inteligencia emocional, la sensibilidad artística, la capacidad empática o la intuición. Y ello no es posible.

No hay un ser humano igual a otro, y no hay dos culturas iguales. Pero es imperdonable establecer un rango que valore en una escala medible el ambiente cultural, social o lingüístico en que uno se haya desarrollado. No hay una lengua perfecta, lo hemos dicho; tampoco hay lenguas mejores o peores. Un niño tropieza, y su madre encuentra las palabras, la entonación, con la que consolarlo. Un padre regaña a su hijo y le muestra un sendero en valores y comportamientos que hagan de él un individuo adaptado y respetuoso con las costumbres de su pueblo. En ese momento la lengua que se emplea, sea la que sea, es siempre la lengua más perfecta.

No existe un lenguaje primordial; lo primordial es el lenguaje.


Gerente de Tradux S.L.; tiene estudios de Derecho, Relaciones Internacionales, Música y Filosofía. Ha trabajado de psicólogo industrial.